En esta época, la distribución de productos de alimentación se realizaba a través de pequeños establecimientos comerciales. Para llegar a todos ellos, La Española desarrolló una red de representantes comerciales, que poco a poco alcanzó la totalidad del territorio español. La creatividad para hacer de La Española una marca reconocida llegó hasta las tarjetas de visita de los representantes, que tenían una clara función comercial y de imagen de marca.