La calidad del producto había que transmitirla también por fuera. Era un momento de consumo en el que se pasaba de los graneles al producto envasado. De ahí los distintos formatos de esta primera colección. Grandes formatos para bares, restaurantes y comunidades. Pequeños formatos para “vermouth, mesa y deleite” en casa, como empezó a decir la publicidad de La Española.